¿Vivimos con más estrés o sólo lo hacemos más visible?

¿Vivimos con más estrés o sólo lo hacemos más visible?

Si hace unos años alguien te preguntaba “¿cómo estás?”, la respuesta probablemente era un tranquilo “bien, gracias”. Hoy, cada vez más, escucharás respuestas como “muy estresado/a”, “agotado/a”, “sobrepasado/a”. Pero… ¿realmente vivimos más estresados o simplemente lo mostramos más?
En una era hiper-conectada, quizá la diferencia no sea solo cuánto sufres el estrés, sino cómo lo expresas y lo compartes. Vamos a explorar esa cuestión: la raíz del estrés, su visibilidad en sociedad y qué podríamos hacer para recuperar el equilibrio.

ordenador lleno de notas

¿Hay realmente más estrés que antes?

La evidencia científica sugiere que sí: un gran estudio internacional publicado en 2024 analizó datos de más de 2.450.000 personas de 149 países entre 2007 y 2021, y concluyó que los niveles de estrés emocional han empeorado continuamente. En ese estudio se observó que la población más joven era la que más rápido veía ese empeoramiento, lo que indica que los tiempos modernos podrían estar intensificando la sensación de estrés.
Otro trabajo más reciente sobre la prevalencia global del estrés estimó que alrededor del 35 % de las personas encuestadas informaron que “experimentaban estrés” de forma significativa. Esto sugiere que no solo lo estamos comentando más: un porcentaje notable de la población siente estrés elevado.

¿O lo mostramos más?

Pero más allá de los datos, hay otra dimensión que merece atención: la visibilidad del estrés. Vivir conectado, tener redes sociales, compartir “lo que hago para relajarme” o reconocer públicamente que “estoy agotado/a” hacen que las vivencias de estrés se vuelvan más públicas. Esta visibilidad puede generar dos efectos:

  • Por un lado, normaliza el estrés y reduce el estigma de admitirlo, lo cual es positivo.
  • Por otro lado, puede reforzar la idea de que estar estresado/a es parte inevitable de la vida moderna, lo que puede generar resignación y menos búsqueda de cambio.

Podríamos preguntarnos: ¿cuál es la línea entre “mostrar que estoy saturado” y “aceptar que mi vida está desbordada”? Reconocer esa diferencia es clave para repensar nuestro vínculo con el estrés.

Factores modernos que pueden estar influyendo

Vivimos en un entorno con múltiples factores que favorecen el estrés:

  • Exigencias laborales, disponibilidad constante, multitarea.
  • Redes sociales que comparan vidas, logros, descansos.
  • Incertidumbres económicas, sanitarias o sociales.
  • Menos desconexión real: aunque trabajemos menos horas, quizá estamos “siempre accesibles”.

Por ejemplo, un estudio en España analizó la segunda ola de la pandemia y vio que los eventos estresantes relacionados con el COVID-19 estaban asociados con mayor malestar psicológico, más que en épocas previas. Esto muestra cómo circunstancias externas suman (y también cómo vivimos expuestos a más estímulos de tensión).

Estrés visible y estrés real, ¿cuál es la diferencia?

Cuando hablamos de estrés “visible”, nos referimos a esos momentos que mostramos: “no doy más”, “me siento al límite”. Pero el estrés “real” tiene componentes más silenciosos: tensión muscular prolongada, pensamientos recurrentes, dificultad para desconectar, irritabilidad constante.
El gran reto es que mostrar que estoy estresado/a no siempre significa que estoy gestionando el estrés. Y no gestionar el estrés puede llevar a consecuencias en la salud física y mental: alteración del sueño, vulnerabilidad a estados de ánimo bajo, cansancio generalizado.

¿Qué podemos hacer para recuperar el equilibrio?

La buena noticia es que, aunque el estrés esté muy presente, no estamos condenados a vivir permanentemente en él. Aquí tienes algunas estrategias que puedes empezar a aplicar:

  • Reconocer qué parte del estrés es real (antecedentes, causas) y qué parte es resultado de nuestra exposición o necesidad de mostrarlo.
  • Fomentar momentos de desconexión real: apagar el móvil, tener rutinas de descanso, permitir que el cuerpo y la mente bajen el ritmo.
  • Cultivar la intención más que la urgencia: hacer menos, pero con más sentido para ti.
  • Considerar la terapia como espacio para explorar qué patrones de vida, creencias o exigencias contigo mismo/a están alimentando ese estrés.

En conclusión: sí, vivimos con más estés. Pero también estamos viviendo en una época donde su visibilidad ha cambiado radicalmente. Reconocer que mostrarlo no es lo mismo que comprenderlo, ya es un paso hacia la libertad emocional. Porque al final de la jornada, no se trata solo de estar menos estresado, sino de vivir más en coherencia con lo que importa para ti.

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