¿Vivimos con más estrés o sólo lo hacemos más visible?
Si hace unos años alguien te preguntaba “¿cómo estás?”, la respuesta probablemente era un tranquilo “bien, gracias”. Hoy, cada vez más, escucharás respuestas como “muy estresado/a”, “agotado/a”, “sobrepasado/a”. Pero… ¿realmente vivimos más estresados o simplemente lo mostramos más?
En una era hiper-conectada, quizá la diferencia no sea solo cuánto sufres el estrés, sino cómo lo expresas y lo compartes. Vamos a explorar esa cuestión: la raíz del estrés, su visibilidad en sociedad y qué podríamos hacer para recuperar el equilibrio.

- Por un lado, normaliza el estrés y reduce el estigma de admitirlo, lo cual es positivo.
- Por otro lado, puede reforzar la idea de que estar estresado/a es parte inevitable de la vida moderna, lo que puede generar resignación y menos búsqueda de cambio.
Podríamos preguntarnos: ¿cuál es la línea entre “mostrar que estoy saturado” y “aceptar que mi vida está desbordada”? Reconocer esa diferencia es clave para repensar nuestro vínculo con el estrés.
- Exigencias laborales, disponibilidad constante, multitarea.
- Redes sociales que comparan vidas, logros, descansos.
- Incertidumbres económicas, sanitarias o sociales.
- Menos desconexión real: aunque trabajemos menos horas, quizá estamos “siempre accesibles”.
Por ejemplo, un estudio en España analizó la segunda ola de la pandemia y vio que los eventos estresantes relacionados con el COVID-19 estaban asociados con mayor malestar psicológico, más que en épocas previas. Esto muestra cómo circunstancias externas suman (y también cómo vivimos expuestos a más estímulos de tensión).
- Reconocer qué parte del estrés es real (antecedentes, causas) y qué parte es resultado de nuestra exposición o necesidad de mostrarlo.
- Fomentar momentos de desconexión real: apagar el móvil, tener rutinas de descanso, permitir que el cuerpo y la mente bajen el ritmo.
- Cultivar la intención más que la urgencia: hacer menos, pero con más sentido para ti.
- Considerar la terapia como espacio para explorar qué patrones de vida, creencias o exigencias contigo mismo/a están alimentando ese estrés.
En conclusión: sí, vivimos con más estés. Pero también estamos viviendo en una época donde su visibilidad ha cambiado radicalmente. Reconocer que mostrarlo no es lo mismo que comprenderlo, ya es un paso hacia la libertad emocional. Porque al final de la jornada, no se trata solo de estar menos estresado, sino de vivir más en coherencia con lo que importa para ti.


